La almendra ibérica, agricultura de bajo impacto

  • Secuestra más carbono.
  • Emplea menos agua.
  • Es más respetuosa con la biodiversidad y las abejas.
  • No hace uso de algunos productos fitosanitarios.
  • Supone un freno a la erosión y un cortafuegos natural.

La almendra ibérica es un ejemplo perfecto de agricultura de bajo impacto y sostenible en un área especialmente vulnerable al cambio climático.

Carbono

Un estudio publicado en 2013 por el Gobierno de Aragón calculaba que cada hectárea de almendro en regadío fija 22,24 toneladas de CO2/año.

Extrapolado a toda la Península, esto significaría que el bosque de almendros ibérico secuestraría cada año alrededor de 16.900.000 toneladas de CO2.

Una cantidad superior a la que emite toda la ciudad de Barcelona.

Eso, sin contar con que muchas de las explotaciones cuentan ya con programas para la generación de energías renovables.

Gestión del agua

El sector está profundamente comprometido con el uso responsable y eficiente de este recurso que, en una zona con un estrés hídrico tan importante como el que sufre la Cuenca Mediterránea, es particularmente valioso.

El 85% de los almendros cultivados en los dos países están en régimen de secano.

Y las explotaciones en regadío están apostando por la tecnología para limitar su consumo, llevando a cabo planes de riego a demanda por parte de cada árbol, controlados de manera remota por ordenador.

Biodiversidad

Otro punto a favor de la sostenibilidad de la almendra europea es su riqueza genética. Solo en España se cultivan más de 100 variedades, algunas milenarias.

Además, en los países mediterráneos, estas son por lo general de cáscara dura, lo que las hace más resistentes a las plagas de parásitos y a los efectos de los insecticidas, así como a otros agentes externos durante los procesos de almacenamiento y tratamiento industrial. Así, se reduce la necesidad de aplicar productos fitosanitarios.

Erosión y fuego

Finalmente, los campos de almendros constituyen un eficaz freno contra la erosión en un terreno muy susceptible a ella, sobre todo en zonas en pendiente. Al plantarse en terrazas, mejoran la estructura del suelo, permiten la retención del agua y contribuyen a la creación de vida microbiana.

Y funcionan como cortafuegos naturales, ya que su gran follaje evita en buena medida la propagación de las llamas.